No es lo mismo un tipo que un estado de la piel…
Vamos a recordar los cuatro tipos de piel que existen y sus características:
Piel Normal
Es la más equilibrada, su secreción sebácea es la adecuada, por lo que la piel está perfectamente protegida. Es una piel flexible y resistente, con un pH neutro o ligeramente ácido. No se trata de una piel perfecta, pero sí homogénea, con una proporción de grasas, agua y nutrientes.
Su textura es bastante regular, carece de rojeces, granitos o comedones; además no suele tener imperfecciones y luce aparentemente limpia, suave y tersa.
Piel Mixta
Se compone de una parte de piel normal o seca y solo un área grasa bien definida, comprendida entre la frente, nariz y barbilla, triángulo que se conoce como zona T.
Refleja, por una parte, cierta sequedad o deshidratación, manifestadas en sensación de tirantez y la aparición de algunas arrugas y grietas. Por otro lado, destaca una zona T brillante y oleosa.
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Piel Seca
Se produce por un mal funcionamiento de las glándulas sebáceas, es decir, es la consecuencia de una falta de lípidos, no de agua, como se suele creer. Si estas glándulas no producen suficiente sebo, se impide la correcta lubricación de la piel y favorece la pérdida de agua. A veces, se relaciona la sequedad con una deficiencia de vitaminas y minerales, e incluso con la ausencia de ciertas grasas en la dieta. También la favorecen los factores ambientales como la contaminación, el abuso de jabones y geles inapropiados, la calefacción o el aire acondicionado. La sequedad se traduce en grietas, arrugas, escamas, asperezas… La piel se ve muy tirante y apagada, además de marcar excesivamente todas las arrugas.
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Piel Grasa
Toda la piel está recubierta por una capa lipídica protectora, resultado de la acción de los andrógenos, las hormonas sexuales masculinas, que también están presentes en las mujeres, aunque en menor cantidad. Cuando hay alguna alteración hormonal, la actividad de las glándulas sebáceas también se descontrola y aumenta. Los folículos y los poros se obstruyen, produciéndose una retención de sebo. Generalmente, la piel grasa es gruesa, tiene una apariencia sucia, brillante y su tacto es oleoso. Es propensa a los poros abiertos, puntos negros, rojeces y granitos.
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Igual que dependiendo de nuestro tipo de piel le proporcionamos a nuestro cutis unos cuidados específicos, de la misma manera es importante otorgarle los cuidados que necesita teniendo en cuenta su estado.
Si la piel está:
Sensible
Evita los cosméticos irritantes y opta por los hipoalergénicos, con factor solar, sin perfumes y, si es posible, resistentes a la transpiración. Es decir, debes preferir los productos de triple acción que protejan, corrijan e hidraten.
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Fatigada
Su apariencia es apagada, lo puedes resolver con una crema efecto lifting, que devolverá luminosidad a tu rostro.
Envejecida
Con el paso del tiempo, la piel pierde lípidos, colágeno y agua, por lo que se seca y se deshidrata. Hay que aplicar humectantes, reforzando la hidratación con una crema con antioxidantes y para pieles maduras.
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Deshidratada
Es necesario aportarle agua, a través de una buena hidratante y una dieta rica en frutas y líquidos diarios (mínimo 1 litro y medio); Debes utilizar productos especialmente hidratantes y nutritivos.
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