No solemos prestarles la atención que merecen y menos aún en invierno, cuando permanecen escondidos en zapatos cerrados. Con el calor toca destaparlos y dedicarles algunos cuidados para lucir unos pies bonitos.
Su cuidado básico consiste básicamente en una correcta higiene y una hidratación intensiva a diario. ¡Dedícales también algún mimo extra!
🌸 Un Baño Reparador
La mejor manera de empezar una sesión de cuidados es un baño de pies. La temperatura del agua no debe superar los 36ºC y la duración, los 15 minutos.
A continuación, sécalos bien, ya que la humedad favorece la aparición de hongos o del pie de atleta (los espacios entre los dedos pueden tardar 30 minutos en secarse al aire libre!).
🌸 Exfoliación, adiós a las durezas
Utiliza piedra pómez para exfoliar los talones, propicios a la aparición de durezas, y las zonas en las que la piel esté más seca.
Úsala después del baño de pies y recuerda mojarla con agua caliente. Frota suavemente con movimientos circulares. Si tienes durezas severas o callosidades, deberías acudir al podólogo.
🌸 Hidratación y Protección Solar, a salvo de las Rozaduras
El uso de una buena hidratante de pies es fundamental para que se mantengan sanos y suaves.
Por otro lado, también sirve para proteger la piel, ya que aumenta su resistencia a las rozaduras, la presión o la aparición del piel de atleta. Aplícala después de la ducha, antes de ir a dormir, y ponte unos calcetines. Por la noche resulta más efectiva, ya que es cuando se produce la renovación celular.
Es habitual olvidarse de los pies a la hora de aplicar la protección solar. Con sandalias, o sin calzado en playa o piscina, usa protección, especialmente en los empeines.
🌸 Y al final de día, sumérgelos un par de minutos en agua fría para aliviar la pesadez y la hinchazón y favorecer la circulación.

