Las principales equivocaciones son saltarse este paso que es determinante para la salud cutánea, olvidarse del tónico que equilibra el pH y utilizar productos no aptos para tu tipo de piel como las toallitas desechables, que acidifican y resecan (mejor reservarlas para cuando vamos de viaje o una urgencia en lugar de usarlas a diario).
Hay que limpiar el cutis por la mañana y por la noche, porque mientras dormimos se repara de las agresiones sufridas y durante el día se encarga de protegernos. No te apresures y dedica al menos 5 minutos a esta rutina que además, puede resultar de lo más relajante.
Además, la piel segrega continuamente toxinas a través del folículo sebáceo, con lo que la limpieza diurna y nocturna la mantienen en condiciones y facilitan la penetración de los principios activos.
Recuerda al desmaquillar los ojos, que la piel de esta zona es particularmente sensible y requiere productos específicos. Aplícalos con un disco de algodón bien empapado, deja actuar y, sin frotar, limpia suavemente con movimientos de arriba abajo y, después, arrastra con otro los restos hacia el final de los ojos.
¿Conoces los cepillos faciales? Los hay manuales y electrónicos. Limpian con más profundidad y estimulan la microcirculación. Es mejor utilizarlos sobre la piel ya desmaquillada como un “plus” y evitarlos en pieles sensibles o con un brote de acné.

