¡Estos son algunos pequeños trucos para combatir el aspecto seco y mate que la piel va adquiriendo al término de las vacaciones!
Máxima hidratación
Bebe mucha agua. Mantenerte bien hidratada por dentro prolonga la vida de todas las células del cuerpo, incluidas las de la piel.
Ducha fría
El agua excesivamente caliente deshidrata la epidermis y puede hacer que se descame más rápido. Darte duchas de agua fría protege el bronceado y, además, combate la pérdida de firmeza provocada por los excesos bajo el sol.
Exfolia la piel
Aunque creas que este ritual de belleza “arrastra” el bronceado, lo cierto es que provoca todo lo contrario: al retirar las células muertas de las capas más superficiales hace que el tono de la piel se vea más uniforme y luminosa.
Realízalo dos veces por semana y con productos de base oleosa.
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Dieta para tu bronceado
Las frutas y hortalizas de intenso color amarillo, rojo, naranja y verde, como las espinacas, la zanahoria, el tomate, el pimiento, la sandía o el melocotón, son una excelente fuente de pigmentos antioxidantes (betacaroteno, licopeno, etc.) que potencian el bronceado de la piel y la mantienen más lisa y firme.
También el color rosado del salmón, el cangrejo, la trucha, los langostinos y las gambas, que se debe a la astaxantina, otro compuesto antiedad (¡65 veces más potente que la vitamina C!) que favorece la reparación del daño solar: suaviza las arrugas, atenúa las manchas de sol… Y al contener cobre, selenio y vitamina E estos alimentos mantienen un bronceado más intenso.

