Se trata de una enfermedad crónica inflamatoria que afecta al rostro, sobre todo a personas de piel fina y muy blanca. Es más frecuente en mujeres, pero los síntomas son más graves en los hombres.
Existen determinados hábitos que la provocan o agravan irritando aún más la piel:
. Fumar. Afecta a la microcirculación y puede provocar que aparezcan más capilares.
. Beber alcohol. Incluso pequeñas cantidades de alcohol causan vasodilatación y problemas circulatorios.
. Cambios bruscos de temperatura. Es conveniente evitar el agua muy caliente o muy fría, que producen contracción y dilatación de los vasos sanguíneos, lo que hace que pierdan elasticidad y se acaben rompiendo.
Lesiones similares al acné, capilares dilatados, picor o, en fases más avanzadas, engrosamiento de la piel son algunos de los síntomas de la rosácea.
Actualmente no existe un tratamiento para curar esta afección de la piel, se trata de mitigar los brotes y aliviar las molestias:
Limpieza
Hay que cuidar especialmente la piel del rostro con rutinas como la limpieza diaria por la mañana y por la noche. Utiliza productos suaves (sin jabón) específicos para pieles sensibles o con rosácea. Algunos ejemplos son las aguas micelares, leches sin aclarado o aguas termales, que tonificarán y calmarán tu piel.
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Hidratación
Emplea cremas específicas que hidraten mucho y ayuden a prevenir la irritación, el escozor, el picor y la quemazón de la piel.
Las cremas ayudarán a que la barrera cutánea esté sana, fuerte y protegida.
Protección Solar
Evita exponerte al sol y utiliza siempre crema solar (con un factor mínimo de 30), incluso en días nublados y en invierno. Las lesiones inflamatorias de la rosácea empeoran con el sol.
Alimentación
Los cítricos y las frutas del bosque, por ejemplo, son ricos en antioxidantes. También la vitamina D (pescados grasos, lácteos y cereales enriquecidos) ayuda a mejorar los síntomas. Por el contrario, limita las grasas, las comidas muy calientes y el picante.

